Comenzaremos nuestro recorrido por la Pinacoteca del Prado en ese Bicentenario lleno de acontecimientos especiales, para sumarnos a dichos eventos hemos querido rescatar de la hemeroteca el pensamiento de Jonathan Brown, uno de los célebres estudiosos del pintor, que nos desvela el misterio de la sutileza escondida: “con Velázquez nunca te vas sintiendo que lo has descubierto todo. Su misterio es infinito. Sabes que siempre verás algo más. Es, como lo calificó Manet, el pintor de los pintores, porque siempre tiene algo más que mostrarte”.
Un proceso de trabajo reflexivo, que buscaba la perfección, de ahí que no se conformase con el primer resultado, retomaba una y otra vez sus cuadros queriendo alcanzar lo sublime, para ello necesitaba corregir, plasmar todo aquello que pasaba por su cabeza. Sus cuadros son auténticas joyas, toda una lección de pintura, aunque el proceso era largo en el tiempo y requería de la lentitud para llegar a donde realmente deseaba, contaba además con una ventaja, sus cuadros formaban parte de las colecciones reales y como  él vivía en palacio,  pudo hacer algo que habitualmente no es posible, retocar sus propios cuadros, lo que es conocido popularmente como “arrepentimientos”,  con el paso del tiempo estas modificaciones han salido a la luz, dejando una huella visible, que no se puede esconder,  como si nos quisieran hablar desde la profundidad del lienzo y decirnos lo que él propio Velázquez quiso ocultar.